Nota del editor:
Alí cuenta su vida en la voz de un caraqueño
Es válida la imaginación como recurso para reconstruir el tejido de la sociedad y el de la vida de un ser humano. No siempre la historia mejor es la que se edifica a partir de los hechos comprobables mediante el empleo de los numerosos recursos y métodos propios de las ciencias sociales y humanas. Es lo que intentó hacer inicialmente el promotor cultural Pedro Eduardo Concepción a partir de lo que veníamos investigando en torno a la vida de Alí Primera los miembros del equipo del Centro de Investigaciones Socioculturales al que él pertenece. Al avanzar en su proyecto, descubrió una valiosa fuente de documentos que descansa debajo del mouse de mi computador: el libro A quemarropa y a ella se aplicó para completar su estudio y quehacer de cirugía plástica que le permitió desbrozar malezas para establecer hechos importantes que se convierten así en hitos que dibujan la biogeografía del autor de “Humanidad”.
También después acudió a otras fuentes biblio-hmerográficas y orales, las que le han sido igualmente valiosas para permitirnos que sea la voz del propio Alí la que nos cuente detalles aparentemente insignificantes de su vida. No es nuevo en la literatura el recurso del relato narrado desde “el más allá”, pero no frecuente en el ámbito de las historias de vida que enriquecen y pueblan las secciones de la etnografía. Siempre será bienvenido este expediente cuando descansa en el reconocimiento riguroso de lo que le ha precedido en materia de investigación, estudio y fatiga en el devaneo por hilar hechos e ideas en base a lo acumulado con paciencia y trabajo obstinado de investigador insomne y avezado. Es el “aparato crítico” que, como editor del Atlas…, he solicitado acompañar a los textos que iremos incluyendo en el presente cuaderno y en los restantes que iremos desgranando por el camino que nos conducirá, finalmente, a su publicación en solo volumen.
Eduardo resulta un buen paradigma de lo desencadenado por el actual proceso de cambios irreversibles que se vive en la Patria de Bolívar. Caraqueño de nacimiento y estirpe, se radicó en el 2002 en Coro, donde circunstancias laborables lo obligaron a ejercer el oficio de buhonero, a pesar de haber recorrido una larga trayectoria como artista y de haber estado abocado a terminar el bachillerato, concluidos en los nuevos conceptos pautados en la Misión Ribas (2003-2005). En la Misión Sucre está a punto de graduarse en la carrera de Comunicación social. El Instituto de Cultura del Estado Falcón le ofreció trabajo como asistente de promotor, cargo que no le limitó en su impulso de lector voraz y que le llevó a insertarse en el equipo de estudio del recién creado Centro de Investigaciones Socioculturales, fundado y legalizado un año después. En estos cuatro años de trabajo conjunto en compañía nuestra, se ha pulido no sólo en la categoría de la investigación aplicada a la sociedad y a sus tradiciones culturales, sino como escritor que ha podido dar a conocer sus textos en revistas y libros como el que he mencionado en el párrafo anterior. Una revolución es el cambio de las relaciones de producción, es cierto; pero también, y en no menor medida e importancia, es la liberación de las fuerzas productivas del pueblo que reprime el sistema capitalista para tener dominio casi absoluto de la sociedad y del hombre. Estas no se desencadenan, definitivamente, hasta que el ser humano cobra conciencia de su esclavitud y lucha en contra de ella para convertirse en un ser libre y pleno.
Es lo que hemos intentado lograr al hacer valer la cultura como un objeto significativo de la investigación científica y del estudio, permanentes y sistemáticos. Estos no pueden llevarse a cabo sin una previa formación del personal que le permita ejercerlos con propiedad y rigor. INCUDEF se puede preciar de tener un Departamento especializado en tales menesteres, integrado por asistentes y promotores culturales como quienes integran nuestro equipo, forjado al fragor de estos intensos y luminosos años de entrega absoluta a la investigación. Vea el que quiera ver. Entre quien quiera a cualquier motor de búsqueda de internet y marque cinco palabras: “Atlas Etnográfico del Estado Falcón.” Allí verá desplegarse y comprobará lo afirmado aquí. Como dice sabiamente quien escribió uno de los Evangelios: “por sus frutos los conoceréis”. Resultados se miden en obras y, en no menor medida, también en la formación de gente con valores realmente auténticos e imperecederos. Los muchachos que me han acompañado en esta aventura del trabajo científico y trascendente, durante el tiempo que llevo en INCUDEF, son dignos de que brindemos por estos nuevos tiempos que, cual ráfagas de viento sonoro y generoso, sacuden las copas verdes de la Patria con la que soñó Bolívar y a la que cantó Alí. Vale.
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ALÍ PRIMERA: ENTREVISTA IMAGINARIA
EDUARDO CONCEPCIÓN
“No he visto persona más amorosa que Alí”.
Jesús Franquis, músico y fotógrafo de Alí.
“Nadie más solidario, internacionalista y anticonservador que Alí”.
Antonio Montilla, internacionalista.
“Él fundó el nuevo canto popular, promoviendo la cultura popular, ayudando a la gente a través de talleres”.
Héctor Hidalgo Quero, cronista de las canciones de Alí.
“Sin campaña publicitaria, todos los actos de Alí Primera eran masivos…vetado en la radio aparecían sus canciones en primer lugar…tenían que ponerlo”.
Andrés Castillo, investigador.
“No hay canto más coherente con el proceso revolucionario que estamos viviendo que el de Alí Primera. Nadie nos contó la historia de Venezuela como Alí Primera…El Árbol de las tres raíces…yo hablaría de una cuarta raíz: Alí Primera”.
Yolanda Delgado, periodista
“Sigue vivo…está sembrado en la mente del pueblo” 1.
Emiro Delfín, músico y amigo de Alí
Que Coro tan triste, el de mi canción…
Nací en Coro, el 31 de octubre de 1941. Sí, en 1941, ahí está la partida de nacimiento para que los panas dejen por fin la controversia acerca de mi año natal2. Eso fue en el Instituto de Maternidad “Oscar María Chapman” en el cruce de las calles Falcón y Colón. Mi hermano Héctor y yo fuimos los únicos de la familia que nacimos en un hospital de maternidad. Mis hermanos mayores, yo soy el sexto de once, fueron parteados todos por mi abuela “Mama Pancha” y tienen su “cachube” enterrado en San José de Cocodite. A mi abuela “Mama Pancha”, comadrona y rezandera que murió de más de 100 años, “nunca le nació un niño muerto. Ella es la madre de mi padre” 3.
Fui presentado por mi padre Antonio Isidoro Primera en la jefatura civil del municipio Santa Ana, hoy parroquia de la ciudad de Coro, el dos de enero de
Mis primeros años los viví en Coro en la calle
Pero llegó la tragedia que marcó nuestras vidas. Mi padre era policía. En realidad era agricultor pero consiguió ese trabajo de policía para mejorar económicamente. La vida en el campo paraguanero era dura y por eso nos habíamos venido a Coro. Papá laboraba en el cuartel de policía que estaba donde ahora funciona el Ateneo de Coro, frente a la plaza Bolívar. Un preso llamado Pedro Agüero, un “matroso”4, como nunca dejaría de decirle mamá para calificarlo de asesino, que tenía problemas mentales, era usado a veces como mensajero. Tú sabes, cosa de pueblos donde no pasaba nada. Pero pasó. Ese Pedro Agüero una noche, lunes 31 de julio de 1944, desarmó a un policía y comenzó a disparar. Mató a cuatro, entre ellos a papá. Se los cuento, ahora que no estoy en el mismo plano que ustedes, y me causa aún mucha tristeza.
A pesar de que sólo tenía yo dos años y 9 meses recuerdo esa horrible noche cuando nos avisaron de la muerte de papá, él estuvo cinco días en agonía, 5 como si aún estuviera sucediendo (papá murió el sábado 05 de agosto de 1944). La casa se llenó de gente y mamá estaba desesperada. Paula Sánchez, dueña de la casa donde vivíamos y vecina de enfrente, intentaba consolar a mamá pero eso era imposible. Pobre mamá. Imagínate, siete muchachos y ahora solita. Intentamos sobrevivir con una pensión de la policía de 100 bolívares al mes y de que mis hermanos salían a vender dulces y frituras que hacía mamá. No se pudo. Nos devolvimos a Paraguaná. A San José de Cocodite. Nos tomamos una foto llena de tristezas donde moríamos todos un poco. Asciclo, Ada, mamá con Héctor en brazos, yo, Carmen Antonia (Toña), Monche y Alfonso, para seguir el orden en el que aparecemos en la foto. Papá quedó enterrado en el cementerio municipal de Coro.
Llegamos a Verapaz, la casa de Mamá Chayo, (María del Rosario) mi abuela materna. Allí recobramos un poco la paz. El tío “Chon” nos dejaba sembrar en su conuco auyama, patilla, tapirama y otros vegetales que nos ayudaban a sobrellevar la dura situación por la que pasábamos. Sí, la vida era dura. Figúrate que para planchar la ropa mamá colocaba en el anafre seis planchas de hierro a la vez, que se iban reponiendo a medida que el calor les iba disminuyendo 6. El agua teníamos que buscarla en los pozos más o menos cercanos. ¡Mamá decía que yo me le parecía en lo arrebatao! 7 “Mi madre es el centro de mi vida, al igual que de mis otros hermanos. Ella es una mujer entera con una inmensa carga de ternura. Esa Carmen Adela, mi madre, ¡qué tronco de mujer es!” 8 Acisclo empezó a estudiar y lo buscábamos en la lejana escuela en “Tatico” y “Guarapo”, dos burritos que también nos servían para hacer los mandados en la bodega de Pedro Revilla en Curararagua. Los mandados los hacíamos rapidito porque la bodega quedaba un poco lejos y si nos agarraba la noche nos iban a encandilar las luces de las botijas enterradas o peor, nos podían salir los muertos 9. Nuestra casa quedaba en El Barbasco y allí estuvimos hasta 1947. De ahí nos fuimos a Caja de Agua, donde vendí agua, leña, pan, limpié zapatos. Luego a Las Piedras, donde entro en contacto con el mar. Por ahí está una foto donde aparezco con mi hermano Héctor practicando boxeo en la playa. ¿Será por eso que la gente dice que fui boxeador? Frente al mar aprendí a leer con las clases nocturnas que el maestro Figueredo daba a los pescadores de Las Piedras y “terminé sacando la primaria en una escuela para adultos”10. Sentí una gran afinidad con pescadores, obreros y campesinos, creo reflejarlo en mis canciones. Siempre tuve la necesidad de aprender, de saber cosas. “De mi tío Juan aprendí a sacarle al Cuatro el primer tono”11 y en Las Piedras a ejecutarlo viendo tocar a Fidias Pardo12. Y te digo, de carajito, “mi mayor emoción era que me dejaran tocar las maracas en los bailes que se hacían en San José…una blanca, una blanca, una blanca…otra colorá, esa era la canción que más me gustaba13…los fines de semana recorría leguas de camino para llegar al pueblo y ver a un pequeño conjunto musical con violín campesino, cuatro y maracas” 14.
Ya lo dije, nací en Coro y “…soy campesino en mi formación, en la vivencia principal del hombre: su infancia. En su música de pájaros, de vientos del norte, del sur y del este; en los árboles de
Desde pequeño compuse canciones, andaba con mis canciones bajo el brazo. Muchas canciones. Música popular. Boleros, compuse muchos. “¿Celos de qué? y Canción desesperada, que escribí sin haber oído hablar de Neruda, son algunos de ellos”16. He hablado muy poco de mi vida de bolerista y serenatero en Paraguaná. Por sobre todas las cosas en Las Piedras aprendí a valorar las duras condiciones de vida de pescadores y campesinos y las groseras desigualdades entre la vida de los gringos y la de los obreros petroleros.
“Soy cristiano y comunista, me bendice Dios y me guían Bolívar y Marx”
A Caracas me fui a terminar el bachillerato, allá ya estaban algunos de mis hermanos mayores. Viví de “Truco” a “Balconcito”17 en una pensión de la parroquia Altagracia aunque todos por ahí decían que eso era más bien parroquia
Entre 1965 y 1968 estudié en
Algo muy importante me impongo: “no vincularé el logro de la canción al aplauso ni al éxito radiado. El cantor es la negación del ídolo y no me gustaría serlo. El ídolo cae primero que el hombre”21. Compuse entonces mi primera canción de corte revolucionario: “Humanidad”. En 1969 grabé mis LP. “Vamos gente de mi tierra” y “Canciones de protesta”; patrocinados por el Partido Comunista y
La cosa se puso fea para mí. Le dije a mamá, eso fue en
A través del PCV logro una beca para estudiar Tecnología del Petróleo en Rumania, adonde llego en 1969. Fue duro, muy duro alejarme de la familia y vivir en un país extraño para mí. Imagínate, la correspondencia me la saboteaba la policía política venezolana,
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