miércoles, 27 de mayo de 2009

Alí Primera, biografía documentada y testimonial, por José Millet 2

Nota del editor:

 

Alí cuenta su vida en la voz de un caraqueño

 

Es válida la imaginación como recurso para reconstruir el tejido de la sociedad y el  de la vida de un ser humano. No siempre la historia mejor es la que se edifica a partir de los hechos comprobables mediante el empleo de los numerosos recursos y métodos  propios de  las ciencias sociales y humanas. Es lo que intentó hacer inicialmente el promotor cultural Pedro Eduardo Concepción a partir de lo que veníamos investigando en torno a la vida de Alí Primera los miembros del equipo del  Centro de Investigaciones Socioculturales al que él pertenece. Al avanzar en su proyecto, descubrió una valiosa fuente de documentos que descansa debajo del mouse de mi computador: el libro A quemarropa y a ella se aplicó para completar su estudio y quehacer de cirugía plástica que le permitió desbrozar malezas para establecer hechos importantes que se convierten así en hitos que dibujan la biogeografía del autor de “Humanidad”.

 

También después acudió a otras fuentes biblio-hmerográficas y orales, las que le han sido igualmente valiosas para permitirnos que sea la voz del propio Alí la que nos cuente detalles aparentemente insignificantes de su vida. No es nuevo en la literatura el recurso del relato narrado desde “el más allá”, pero no frecuente en el ámbito de las historias de vida que enriquecen y pueblan las secciones de la etnografía. Siempre será bienvenido este expediente cuando descansa en el reconocimiento riguroso de lo que le ha precedido en materia de investigación, estudio y fatiga en el devaneo por hilar hechos e ideas en base a lo acumulado con paciencia y trabajo obstinado de investigador insomne y avezado. Es el “aparato crítico” que, como editor del Atlas…, he solicitado acompañar a los textos que iremos incluyendo en el presente cuaderno y en los restantes que iremos desgranando por el camino que nos conducirá, finalmente, a su publicación en solo volumen.

 

Eduardo resulta un buen paradigma de lo desencadenado por el actual proceso de cambios irreversibles que se vive en la Patria de Bolívar. Caraqueño de nacimiento y estirpe, se radicó en el 2002 en Coro, donde circunstancias laborables lo obligaron a ejercer el oficio de buhonero, a pesar de haber recorrido una larga trayectoria como artista y de haber estado abocado a terminar el bachillerato, concluidos en los nuevos conceptos pautados en la Misión Ribas (2003-2005). En la Misión Sucre está a punto de graduarse en la carrera de Comunicación social. El Instituto de Cultura del Estado Falcón le ofreció trabajo como asistente de promotor, cargo que no le limitó en su impulso de lector voraz y que le llevó a insertarse en el equipo de estudio del recién creado Centro de Investigaciones Socioculturales, fundado y legalizado un año después. En estos cuatro años de trabajo conjunto en compañía nuestra, se ha pulido no sólo en la categoría de la investigación aplicada a la sociedad y  a sus tradiciones culturales, sino como escritor que ha podido dar a conocer sus textos en revistas y libros como el que he mencionado en el párrafo anterior. Una revolución es el cambio de las relaciones de producción, es cierto; pero también, y en no menor medida e importancia, es la liberación de las fuerzas productivas del pueblo que reprime el sistema capitalista para tener dominio casi absoluto de la sociedad y del hombre. Estas no se desencadenan, definitivamente, hasta que el ser humano cobra conciencia de su esclavitud y lucha en contra de ella para convertirse en un ser libre y pleno.

 

Es lo que hemos intentado lograr al hacer valer la cultura como un objeto significativo de la investigación científica y del estudio, permanentes y sistemáticos. Estos no pueden llevarse a cabo sin una previa formación del personal que le permita ejercerlos con propiedad y rigor. INCUDEF se puede preciar de tener un Departamento especializado en tales menesteres, integrado por asistentes y promotores culturales como quienes integran nuestro equipo, forjado al fragor de estos intensos y luminosos años de entrega absoluta a la investigación. Vea el que quiera ver. Entre quien quiera a cualquier motor de búsqueda de internet y marque cinco palabras: “Atlas Etnográfico del Estado Falcón.”  Allí verá desplegarse y comprobará lo afirmado aquí. Como dice sabiamente quien escribió uno de los Evangelios: “por sus frutos los conoceréis”. Resultados se miden en obras y, en no menor medida, también en la formación de gente con valores realmente auténticos e imperecederos. Los muchachos que me han acompañado en esta aventura del trabajo científico y trascendente, durante el tiempo que llevo en INCUDEF, son dignos de que brindemos por estos nuevos tiempos que, cual ráfagas de viento sonoro y generoso, sacuden las  copas verdes de la Patria con la que soñó Bolívar y a la que cantó Alí.   Vale.

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ALÍ PRIMERA: ENTREVISTA IMAGINARIA

                                                                              EDUARDO CONCEPCIÓN

 

 

“No he visto persona más amorosa que Alí”.

Jesús Franquis, músico y fotógrafo de Alí.

 

“Nadie más solidario, internacionalista y anticonservador que Alí”.

Antonio  Montilla, internacionalista.

 

“Él fundó el nuevo canto popular, promoviendo la cultura popular, ayudando a la gente a través de talleres”.

Héctor Hidalgo Quero, cronista de las canciones de Alí.

 

“Sin campaña publicitaria, todos los actos de Alí Primera eran masivos…vetado en la radio aparecían sus canciones en primer lugar…tenían que ponerlo”.

Andrés Castillo, investigador.

 

“No hay canto más coherente con el proceso revolucionario que estamos viviendo que el de Alí Primera. Nadie nos contó la historia de Venezuela como Alí Primera…El Árbol de las tres raíces…yo hablaría de una cuarta raíz: Alí Primera”.

Yolanda Delgado, periodista

 

“Sigue vivo…está sembrado en la mente del pueblo” 1.

Emiro Delfín, músico y amigo de Alí

 

Que Coro tan triste, el de mi canción…

Nací en Coro, el 31 de octubre de 1941. Sí, en 1941, ahí está la partida de nacimiento para que los panas dejen por fin la controversia acerca de mi año natal2. Eso fue en el Instituto de Maternidad “Oscar María Chapman” en el cruce de las calles Falcón y Colón. Mi hermano Héctor y yo fuimos los únicos de la familia que nacimos en un hospital de maternidad. Mis hermanos mayores, yo soy el sexto de once, fueron parteados todos por  mi abuela “Mama Pancha” y tienen su “cachube” enterrado en San José de Cocodite. A mi abuela “Mama Pancha”, comadrona y rezandera que murió de más de  100 años, “nunca le nació un niño muerto. Ella es la madre de mi padre” 3.

Fui presentado por mi padre Antonio Isidoro Primera en la jefatura civil del municipio Santa Ana, hoy parroquia de la ciudad de Coro, el dos de enero de 1942. Mi mamá, Carmen Adela Rossell, coriana; paraguanero mi papá. Por esas cosas de quienes fungían de secretarios o secretarias aparezco en la partida de nacimiento como “Ely Rafael” y no como Alí Rafael. Ese error me obligó a firmar todos los documentos importantes en mi vida como “Ely”, en vez de Alí.

Mis primeros años los viví en Coro en la calle La Paz casa número 33, entre las calles Hospital y Millar. Una casita de bahareque y una infancia feliz bajo el cuidado amoroso y tierno de mi madre, Carmen Adela Rossell de Primera. Las calles de barro en ese Coro donde parecía no pasar nada. Comíamos mucho chivo, pescado, celse, arepa pelá, mucha verdura. El agua la buscábamos en las pilas cercanas, no llegaba agua a las casas. Muy pobre mi infancia, cosa que no notábamos; éramos felices.

Pero llegó la tragedia que marcó nuestras vidas. Mi padre era policía. En realidad era agricultor pero consiguió ese trabajo de policía para mejorar económicamente. La vida en el campo paraguanero era dura y por eso nos habíamos venido a Coro. Papá laboraba en el cuartel de policía que estaba  donde ahora funciona el Ateneo de Coro, frente a la plaza Bolívar. Un preso llamado Pedro Agüero, un “matroso”4, como nunca dejaría de decirle mamá para calificarlo de asesino, que tenía problemas mentales, era usado a veces como mensajero. Tú sabes, cosa de pueblos donde no pasaba nada. Pero pasó. Ese Pedro Agüero una noche, lunes 31 de julio de 1944, desarmó a un policía y comenzó a disparar. Mató a cuatro, entre ellos a papá.  Se los cuento, ahora que no estoy en el mismo plano que ustedes, y me causa aún mucha tristeza.

   A pesar de que sólo tenía yo dos años y 9 meses recuerdo esa horrible noche cuando nos avisaron de la muerte de papá, él estuvo cinco días en agonía, 5 como si aún estuviera sucediendo (papá murió el sábado 05 de agosto de 1944). La casa se llenó de gente y mamá estaba desesperada. Paula Sánchez, dueña de la casa donde vivíamos  y vecina de enfrente, intentaba consolar a mamá pero eso era imposible. Pobre mamá. Imagínate, siete muchachos y ahora solita. Intentamos sobrevivir con una pensión de la policía de 100 bolívares al mes y de que mis hermanos salían a vender dulces y frituras que hacía mamá. No se pudo. Nos devolvimos a Paraguaná. A San José de Cocodite. Nos tomamos una foto llena de tristezas donde moríamos todos un poco. Asciclo, Ada, mamá con Héctor en brazos, yo, Carmen Antonia (Toña), Monche y Alfonso, para seguir el orden en el que aparecemos en la foto. Papá quedó enterrado en el cementerio municipal de Coro.

Llegamos a Verapaz, la casa de Mamá Chayo, (María del Rosario) mi abuela materna. Allí recobramos un poco la paz. El tío “Chon” nos dejaba sembrar en su conuco auyama, patilla, tapirama y otros vegetales que nos ayudaban a sobrellevar la dura situación por la que pasábamos. Sí, la vida era dura. Figúrate que para planchar la ropa mamá colocaba en el anafre seis planchas de hierro a la vez, que se iban reponiendo a medida que el calor les iba disminuyendo 6. El agua teníamos que buscarla en los pozos más o menos cercanos. ¡Mamá decía que yo me le parecía en lo arrebatao! 7 “Mi madre es el centro de mi vida, al igual que de mis otros hermanos. Ella es una mujer entera con una inmensa carga de ternura. Esa Carmen Adela, mi madre, ¡qué tronco de mujer es!” 8 Acisclo empezó a estudiar y lo buscábamos en la lejana escuela en “Tatico” y “Guarapo”, dos burritos que también nos servían para hacer los mandados en la bodega de Pedro Revilla en Curararagua. Los mandados los hacíamos rapidito porque la bodega quedaba un poco lejos y si nos agarraba la noche nos iban a encandilar las luces de las botijas enterradas o peor, nos podían salir los muertos 9. Nuestra casa quedaba en El Barbasco y allí estuvimos hasta 1947. De ahí nos fuimos a Caja de Agua, donde vendí agua, leña, pan, limpié zapatos. Luego a Las Piedras, donde entro en contacto con el mar. Por ahí está una foto donde aparezco  con mi hermano Héctor practicando boxeo en la playa. ¿Será por eso que la gente dice que fui boxeador? Frente al mar aprendí a leer con las clases nocturnas que el maestro Figueredo daba a los pescadores de Las Piedras y “terminé sacando la primaria en una escuela para adultos”10. Sentí una gran afinidad con pescadores, obreros y campesinos, creo reflejarlo en mis canciones. Siempre tuve la necesidad de aprender, de saber cosas. “De mi tío Juan aprendí a sacarle al Cuatro el primer tono”11 y en Las Piedras a ejecutarlo viendo tocar  a  Fidias Pardo12. Y te digo, de carajito, “mi mayor emoción era que me dejaran tocar las maracas en los bailes que se hacían en San José…una blanca, una blanca, una blanca…otra colorá, esa era la canción que más me gustaba13…los fines de semana recorría leguas de camino para llegar al pueblo y  ver a un pequeño conjunto musical con violín campesino, cuatro y maracas” 14.

Ya lo dije, nací en Coro y “…soy campesino en mi formación, en la vivencia principal del hombre: su infancia. En su música de pájaros, de vientos del norte, del sur y del este; en los árboles de la Paraguaná xerófila, de la Paraguaná seca pero al mismo tiempo de la Paraguaná entrañable, musical, solidaria. La de los cantos de los campesinos en la siembra, cantos de la Cruz de Mayo, salves, merengues y  valses con viejos clarinetes y violines; cuatros con cuerdas de tripa de chivo. De allí surge el canto, de allí nace el canto que me llenó el espíritu y el alma”. 15

Desde pequeño compuse canciones, andaba con mis canciones bajo el brazo. Muchas canciones. Música popular. Boleros, compuse muchos. “¿Celos de qué? y Canción desesperada, que escribí sin haber oído hablar de Neruda, son algunos de ellos”16. He hablado muy poco de mi vida de bolerista y serenatero en Paraguaná. Por sobre todas las cosas en Las Piedras aprendí a valorar las duras condiciones de vida de pescadores y campesinos y las groseras desigualdades entre la vida de los gringos y la de los obreros petroleros.

“Soy cristiano y comunista, me bendice Dios y me guían Bolívar y Marx”

A Caracas me fui a terminar el bachillerato, allá ya estaban algunos de mis hermanos mayores. Viví de “Truco” a “Balconcito”17 en una pensión de la parroquia Altagracia aunque todos por ahí decían que eso era más bien parroquia La Pastora. “En esa casa vivíamos cubanos, peruanos, colombianos y corianos. Por cierto, cuando tumbaron la pensión para hacer la Avenida Baralt, los obreros encontraron una bolsa llenita de morocotas de las que no nos tocó nadita”18… ¡y tanta hambre que pasamos compa! Me gradué de bachiller en el liceo “Caracas” y de allí a estudiar Química en la UCV fue una sola cosa.

Entre 1965 y 1968 estudié en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, donde me labré fama de serenatero. Eso fue al principio. Ya yo venía con la espinita del marxismo. Livia Gouverneur, Fabricio Ojeda, Alberto Lovera, mi paisano el “Chema Saher”; esas y muchas otras muertes aparte de lacerarme el alma me hicieron reflexionar. En 1967 Rafael Caldera allana la Universidad Central, yo junto a muchos otros estudiantes fui conducido a los sótanos del edificio “Las Brisas” en Los Chaguaramos, Caracas; sede de la tristemente célebre DIGEPOL. “Yo me preguntaba ¿Por qué estamos presos? Y me respondía: estamos presos por los niños que están en la calle, por todos los niños del mundo…y nuestra lucha es por eliminar de la faz de la tierra las imágenes que estábamos viendo: el niño limpiabota, que yo lo había sido; el niño campesino, que tiene que trabajar antes de tiempo y hacerse hombre para sobrevivir; el niño que vive bajo la guerra y el niño negro norteamericano. Yo tuve esas cuatro imágenes y quise cantarlas”19. En adelante utilizaría mi canto para combatir junto a mi pueblo, “…este pueblo que no solamente pudo emanciparse, independizarse; sino que hizo posible la independencia de otras naciones. Es por ello que creo que el pensamiento bolivariano no sólo es vital, sino que el pueblo y el país entero tendrán que recurrir a él en sus peores momentos”20.

Algo muy importante me impongo: “no vincularé el logro de la canción al aplauso ni al éxito radiado. El cantor es la negación del ídolo y no me gustaría serlo. El ídolo cae primero que el hombre”21. Compuse entonces mi primera canción de corte revolucionario: “Humanidad”. En 1969 grabé mis LP. “Vamos gente de mi tierra” y “Canciones de protesta”; patrocinados por  el Partido Comunista y la Juventud Comunista de Venezuela respectivamente. “Yo fui el primer venezolano que estuvo en el Aula Magna, sólo, cantando. Y el Aula Magna se llenó, eso fue en 1969”22.

La cosa se puso fea para mí. Le dije a mamá, eso fue en la Plaza Catia en Caracas: “Mamá yo me voy, o me matan o me meten preso”. La vieja me contesto: “Hijo yo nunca le he quitado a ustedes sus vainas, tú sabes lo que yo sufrí por Asisclo y  por Monche, lo que te encargo es que no olvides a esta vieja”. Las palabras de mi vieja me golpearon, le dije “no madre, no diga eso mi madre”. La abracé y sobre ella comencé a llorar y ella llorando también, entonces agarré mi guitarra y por primera vez le canté: “Madre, déjame luchar”…23

A través del PCV logro una beca para estudiar Tecnología del Petróleo en Rumania, adonde llego en 1969. Fue duro, muy duro alejarme de la familia y vivir en un país extraño para mí. Imagínate, la correspondencia me la saboteaba la policía política venezolana, la Digepol. Se perdían paquetes que me enviaban de Venezuela. Recorrí Europa tratando de no vender mi canto que más de una vez me dio de comer. Estuve en la Unión Soviética en el Festival del Canto y la Amistad, en la República Democrática Alemana en el Festival de 

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